FEMINICIDIOS

En una sociedad sin cultura de la legalidad, sin Estado de Derecho vigente y ejemplificado por las autoridades, es difícil la igualdad y equidad de género entre sus integrantes, sobre todo cuando la simulación de la que somos campeones en el mundo se mantiene en las relaciones sociales cotidianas, profesionales y políticas en todos los ámbitos y colores.

El Estado Mexicano usado por los sucesivos gobiernos para impulsar sus intereses particulares y no los de la Nación, se empeña en no darle vigencia al Estado de Derecho para recobrar la paz y la tranquilidad de la que no solo los grupos criminales nos han quitado, también los grupos de poder que gozan de privilegios inusitados como los maestros, petroleros, burócratas sindicalizados y demás que perturban la paz pública y ejercen violencia contra la sociedad en su conjunto con las acciones que realizan para lograr sus objetivos particulares, por encima de los de la Nación.

No existe el Estado de derecho en México y el uso legal de la fuerza que tiene el Estado no se quiere aplicar para no perder simpatizantes, cuando ese es el camino para lograr pacificar el país, y con ello, devolver a las comunidades, pueblos, municipios y estados la tranquilidad que los gobiernos neoliberales les quitaron y que persiste por una falsa idea del uso del derecho legal.

Además de esta omisión oficial en los tres niveles de gobierno y los tres poderes, no existe en ninguna instancia del Estado Mexicano la intención de promover la cultura de la legalidad en sus distintas áreas de influencia y a la sociedad en general, porque lo vigente son los usos y costumbres oficiales y sociales.

A estas omisiones del Estado se suman la propaganda contra las mujeres en medios de comunicación masiva, redes sociales y demás, donde no se ve por ningún lado la promoción de la equidad e igualdad de género que termine con la cosificación femenina.

Los anuncios del clima son los más vistos en TV, los memes en las redes promueven la desigualdad de género y en el mundo oficial persiste la simulación con discursos retóricos en favor de la igualdad de género cuando en el mundo real cotidiano se ha pasado al extremo del asesinato de mujeres, un promedio de 9 diarios.

Antes del neoliberalismo, para hablar acorde a los patrones del discurso del sexenio, el acoso a las mujeres no pasaba de piropos verbales grotescos a la mujer, censurables, para ahora pasar al secuestro y desaparición de mujeres con fines de placer sexual o trata de personas para prostituirlas en cualquier región del país, por lo que miles, sobre todos jóvenes, son víctimas de estas acciones.

La descomposición de la sociedad es tal que la ausencia de valores en las familias se trasmite entre sus integrantes y la sociedad en su conjunto, aunado a la falta del Estado de Derecho en México, que te permite pensar que puedes cometer la peor infamia que quieras, al fin que no serás castigado, si a los que cierran las vías del tren, calles y entradas de las ciudades no les pasa nada, no se les aplica la ley, porque te la habrían de aplicar a ti si secuestras o matas a una persona, es la lógica del colectivo.

El gobierno da el ejemplo: no hay castigo a quien viola la ley, roba combustible, cierra carreteras, impide el desarrollo de las actividades de los sectores de la sociedad y no pasa nada. Todos están por encima de la ley, aunque se diga lo contrario.

Hasta este día, todos los gobernantes del color que sean que han protestado cumplir y hacer cumplir la ley, no lo hacen y con ello los derechos de las mujeres y de todos los grupos de la sociedad seguirán siendo vulnerables.

Además, en Jalisco como ocurrió en el Estado de México, desaparecieron el Instituto de la Mujer, para subsumir sus necesidades y políticas en una dependencia multifactorial, donde se dice que además de ellas, otros sectores vulnerables serán atendidos, aunque en los hechos esto finalmente no ocurra.

Como terminar con los feminicidios si en las familias se sigue educando de manera tradicional los asuntos que competen a cada género; ahí se incuban a los futuros feminicidas que, en un país sin cultura de la legalidad ni Estado de Derecho vigente, encuentran el caldo de cultivo para sus fechorías con jueces y familiares en todos los puestos que administran la impunidad, porque justicia no hay.